Tanto y tanto insistió su niño "el mayor", que por no oírlo Antonia se decidió a prepararle una tortilla de patatas de 12 huevos.
Entre su marido y ella pelaron las cebollas, las patatas, los pimientos, batieron los huevos, enfin, prepararon todo lo necesario para elaborar la joya de la gastronomía regional.
Le dieron la vuelta varias veces con sumo cuidado, y el resultado fue un tortillón de patatas que hubiese obtenido el premio de honor en cualquier concurso gastronómico.
Tamaño ejemplar merecía una fuente de la vajilla del domingo, y allí se depositó con honores reales y casi sonando el himno nacional de fondo.
Rendida por el esfuerzo, Antonia se dejó caer en el sofá y quedó sumida en un sueño reparador.
No se sabe si la despertó una pesadilla o un sonido real, pero la modorra le hizo oír un sospechoso
clic, clic, clic...
Será el gato, pensó.
Y ahora cloc, cloc, cloc...
Este animal está siempre hambriento, pensó.
Clin, clin, clin, clic, clac, cloc...
¡ Ya se ha pasado!. Ahora mismo lo encierro hasta que aprenda educación.
Y se dirigió con diligencia a la cocina dispuesta a ejecutar su amenaza.
Ni podía imaginarse lo que vio: un enorme roedor negro, tipo rata, la desafiaba desde encima de los restos de su espléndida tortilla.
Tras varias llamadas, se presentó un auténtico batallón vecinal para acabar con la fiera.
Pelea campal, aullidos de terror, y una imagen que Antonia nunca olvidará: ese monstruo, con sonrisa retorcida, que la miraba diciendo: "me has matado Antonia, pero la tortilla me la he comido yo".
No han vuelto a probar una tortilla en esa casa que no viniese envasada por una empresa de la localidad.
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