Nadie pudo imaginar nunca el daño que hizo aquél programa radiofónico.
Desde su emisión, la Inspectora Miranda ya no fue la misma.
Sus ojos estaban perdidos en el vacío, su conversación era monosilábica, y su casa comenzó a llenarse de pelusas, cosa rara en ella, tan fanática del mocho y la lejía.
De buenas a primeras se inscribió en una academia de corte y confección, se apuntó a un curso de manualidades, a unas charlas sobre trajes regionales y a un monográfico sobre la industria textil.
Comenzó a visitar con frecuencia la biblioteca e incluso insistió a Piluca para que se documentase en internet sobre ciertos temas de su interés.
Un buen día pareció llegarle la razón. Hizo una limpieza extra en su casa, dejó de asistir a esas clases tan raras e invitó al novio a celebrar su onomástica.
Eso si, le indicó, te voy a dar una gran sorpresa, así que procura "dar la talla".
El hombre, ante tan clara amenaza, fue a proveerse a una farmacia cercana.
No se sabe cantidad ni marca, pero consta que hizo un facturón.
Con la "alegría" ya metida en el cuerpo se fue a celebrar los fastos que le habían prometido por su santo.
Y comenzó la acción.
En mitad de la faena, a la Inspectora Miranda se le ocurrió que era hora de estrenar su obra maestra, esa obra que le había quitado el sueño tantas noches desde que le diesen la idea en su dial favorito, y que consistía en una réplica de traje de fallera al que no le faltaba un detalle: corpiño y falda acompañada de velo, enaguas, aderezo, peineta y moños laterales en forma de caracol.
Todo preparado para un tamaño de unos 14 cms., y con papel de celofán para su fijación.
Cierra los ojos, cariño, insistió.
Al abrirlos y descubrir el traje regional en su "ninot" dicen que en esa casa hubo mascletá, fuegos artificiales, petardazos y traca final.
El traje de fallera no se pudo volver a usar...
Cariño soy una mujer fatal: fatal vestida, fatal peinada y fatal maquillada. (Betty Boop)
viernes, 27 de junio de 2008
sábado, 31 de mayo de 2008
Kikirikiiiiii
Se cuenta en los mentideros de la Villa que cierto presentador televisivo, especializado en gastronomía y tauromaquia, tenía por costumbre almorzar con la familia un pollo asado todos los domingos.
Salía muy de mañana a encargar el sustento, daba la vuelta al ruedo tabernístico a lomos de su sufrida Vespino, por hacer tiempo, decía, y regresaba a recogerlo minutos antes del cierre del local.
No se sabe si por emularlo o por puro aburrimiento, el bicho también solía absorber todo el líquido que lo regaba con lo cual llegaba totalmente seco en contraposición con su porteador, que llevaba encima lo que al animal le faltaba.
La estampa familiar en ese día decían que era un poema: esposa resignada pero con unos labios en los que se intuía sobredosis de bótox, niños refunfuñando y suegra con una sonrisita en la que claramente se leía : "mira que te lo dije ..."
Y en el centro de todo, y como única víctima, el pobre pollo en pleno rigor mortis.
Como sabiamente apunta el refranero, las costumbres se hacen leyes, y acaban por ser aceptadas por todos, así que pasado un tiempo ya resultaba normal en esa casa comer pollo helado.
Un verano especialmente caluroso, el famoso presentador se decidió por sacar de la cochera su vehículo, que aunque era un modelo ya antiguo, estaba provisto de aire acondicionado y podía liberarlo un poco del sudor que emanaba su generosa humanidad después de regarla con unos caldos de la tierra.
El día de autos su periplo fue casi el habitual: encargo de pollo, censo de bares y tabernas y parada extra final en una asociación instructivo musical dónde debía recoger cierta documentación y a la que llegó con la fiambrera en mano.
Nunca supo ni pudo imaginar que cuatro ojos acechaban sus movimientos escondidos tras la persiana de un inmueble próximo.
Cuatro ojos que vigilaban sus movimientos y que observaban su tambaleo al salir de la sociedad y dirigirse al vehículo estacionado.
Testigos mudos, pero no ciegos, que vieron cómo posaban esas manos temblorosas el tupper encima del techo del coche, olvidando el contenido.
Ojos que iban midiendo las maniobras y los daños ocasionados al resto de vehículos aparcados.
Ojos que se agrandaban con la escena.
Ojos que cuando arrancó el coche vieron volar al ave, resucitado.
Salía muy de mañana a encargar el sustento, daba la vuelta al ruedo tabernístico a lomos de su sufrida Vespino, por hacer tiempo, decía, y regresaba a recogerlo minutos antes del cierre del local.
No se sabe si por emularlo o por puro aburrimiento, el bicho también solía absorber todo el líquido que lo regaba con lo cual llegaba totalmente seco en contraposición con su porteador, que llevaba encima lo que al animal le faltaba.
La estampa familiar en ese día decían que era un poema: esposa resignada pero con unos labios en los que se intuía sobredosis de bótox, niños refunfuñando y suegra con una sonrisita en la que claramente se leía : "mira que te lo dije ..."
Y en el centro de todo, y como única víctima, el pobre pollo en pleno rigor mortis.
Como sabiamente apunta el refranero, las costumbres se hacen leyes, y acaban por ser aceptadas por todos, así que pasado un tiempo ya resultaba normal en esa casa comer pollo helado.
Un verano especialmente caluroso, el famoso presentador se decidió por sacar de la cochera su vehículo, que aunque era un modelo ya antiguo, estaba provisto de aire acondicionado y podía liberarlo un poco del sudor que emanaba su generosa humanidad después de regarla con unos caldos de la tierra.
El día de autos su periplo fue casi el habitual: encargo de pollo, censo de bares y tabernas y parada extra final en una asociación instructivo musical dónde debía recoger cierta documentación y a la que llegó con la fiambrera en mano.
Nunca supo ni pudo imaginar que cuatro ojos acechaban sus movimientos escondidos tras la persiana de un inmueble próximo.
Cuatro ojos que vigilaban sus movimientos y que observaban su tambaleo al salir de la sociedad y dirigirse al vehículo estacionado.
Testigos mudos, pero no ciegos, que vieron cómo posaban esas manos temblorosas el tupper encima del techo del coche, olvidando el contenido.
Ojos que iban midiendo las maniobras y los daños ocasionados al resto de vehículos aparcados.
Ojos que se agrandaban con la escena.
Ojos que cuando arrancó el coche vieron volar al ave, resucitado.
domingo, 18 de mayo de 2008
Va por ustedes
Dicen que el tiempo pone a cada cosa en su sitio, y debe ser cierto pues algo así sucedió.
Manolo y Benita, por enjaretar un poco el tema, decidieron contratar a un escayolista. Esta vez se cercioraron de que fuese un buen profesional, con anuncio en páginas amarillas y publicidad en la furgoneta incluídos.
Así fue como conocieron a Romualdo.
El día pactado,llegó puntual a la cita, es decir una hora tarde y sin desayunar.
Dejó los bártulos en el piso y buscó un bar para hacer frente a tan acuciante necesidad.
Para desgracia de Manolo, Romualdo se fijó en un cartel de toros y tuvo la feliz idea de comprar unas entradas para "obsequiar a la parienta" que nunca había ido pero tenía muchas ganas de estrenar allí una mantilla blanca que heredó de su abuela.
Ilusionado, le comentó a Manolo el tema, y pronto bajó a la triste realidad: la Maestranza no era precisamente llegar y pegar.
Había que esperar en cola, era verano, hacía 50º a la sombra y abrían la taquilla a las 5 de la tarde.
Mejor se compran en internet, le aseguró Manolo, sin pensar que eso le podía perjudicar.
Romualdo ya no tuvo otra cosa en mente en todo el día: ¿han salido ya a la venta?, ¿compro sombra o sol?, ¿cuánto cuestan?...
A las 3 de la tarde, para no variar, se fue sin terminar.
Recogió las herramientas, las entradas a los toros que al final recogió Manolo, y un saco en el que metió los restos de su hazaña.
Cuando se fue, Manolo le preguntó a Benita por un saco de cemento que quería tirar. Lo buscaron por toda la casa y no hubo forma de encontrarlo.
A partir de aquí todo se sucedió con la velocidad de un rayo.
Benita le recordó que el escayolista se había llevado un saco del mismo color, Manolo cayó en la cuenta que le había comentado que, casualmente, era del mismo pueblo que el enterrador...
... Verano, Sevilla, 50º en una furgoneta sin aire acondicionado, un paquetito abierto y desechado en el fondo de un saco...
El destino la puso en su sitio.
Por fin la mierda descansa en paz entre los suyos.
Manolo y Benita, por enjaretar un poco el tema, decidieron contratar a un escayolista. Esta vez se cercioraron de que fuese un buen profesional, con anuncio en páginas amarillas y publicidad en la furgoneta incluídos.
Así fue como conocieron a Romualdo.
El día pactado,llegó puntual a la cita, es decir una hora tarde y sin desayunar.
Dejó los bártulos en el piso y buscó un bar para hacer frente a tan acuciante necesidad.
Para desgracia de Manolo, Romualdo se fijó en un cartel de toros y tuvo la feliz idea de comprar unas entradas para "obsequiar a la parienta" que nunca había ido pero tenía muchas ganas de estrenar allí una mantilla blanca que heredó de su abuela.
Ilusionado, le comentó a Manolo el tema, y pronto bajó a la triste realidad: la Maestranza no era precisamente llegar y pegar.
Había que esperar en cola, era verano, hacía 50º a la sombra y abrían la taquilla a las 5 de la tarde.
Mejor se compran en internet, le aseguró Manolo, sin pensar que eso le podía perjudicar.
Romualdo ya no tuvo otra cosa en mente en todo el día: ¿han salido ya a la venta?, ¿compro sombra o sol?, ¿cuánto cuestan?...
A las 3 de la tarde, para no variar, se fue sin terminar.
Recogió las herramientas, las entradas a los toros que al final recogió Manolo, y un saco en el que metió los restos de su hazaña.
Cuando se fue, Manolo le preguntó a Benita por un saco de cemento que quería tirar. Lo buscaron por toda la casa y no hubo forma de encontrarlo.
A partir de aquí todo se sucedió con la velocidad de un rayo.
Benita le recordó que el escayolista se había llevado un saco del mismo color, Manolo cayó en la cuenta que le había comentado que, casualmente, era del mismo pueblo que el enterrador...
... Verano, Sevilla, 50º en una furgoneta sin aire acondicionado, un paquetito abierto y desechado en el fondo de un saco...
El destino la puso en su sitio.
Por fin la mierda descansa en paz entre los suyos.
sábado, 3 de mayo de 2008
Al agua patos
Después de que el ladronzuelo de las galletas confesase su delito, Paca les levantó el castigo a sus tres hijos.
Como premio, les dijo, papá os va a llevar a ver el tren y os va a comprar unos cucuruchos.
Los vistió de domingo: niñas con vestidito, medias y rebequitas, todo a juego.
Niño con pantalón de cheviot, camisa de vestir y abriguito.
Pero algo debió cruzarse en esa mente infantil mientras se rascaba las piernas por un picor insoportable que le producía el pantalón de cheviot.
A pocos metros de su casa, cucurucho en mano, el infante vio la oportunidad y quiso hacer una gracia "pisando un charco".
El charco, con fondo de verdín y casi con patos, era escurridizo al máximo, así que antes de posar las botas, el angelito cayó en medio, empapándose por completo y llorando como un berraco.
Ea, a casa a cambiarlo, comentaron los padres, mientras cierto brillito de triunfo lucía en los ojos infantiles.
Nuevo modelito: pantalón Príncipe de Gales, jersey de cuello alto y chubasquero.
Nuevo cucurucho y nueva llegada al punto del charco.
Picor irresistible en esas piernecitas y nueva sonrisa diabólica en los labios.
Niñas que se miran atónitas, padres que no dan crédito a sus ojos, y niño empapado por completo, sin cucurucho y en el mismo charco.
Vuelta al hogar.
Vaqueros, camiseta y cazadora. Traje de lunes y tercer cucurucho en mano.
Ten cuidado al pasar, advierten ya molestos los padres, que el tren está a punto de salir y no lo vamos a ver.
Silencio sepulcral en esas niñas. Caras rojas de ira en esos padres. Charco ya vacío.
Y por tercera vez niño empapado.
Un tren que partía en la lejanía sin esperarlos.
Y una voz que salió de un bar cercano : ¡¡ a acostarlo !!.
Como premio, les dijo, papá os va a llevar a ver el tren y os va a comprar unos cucuruchos.
Los vistió de domingo: niñas con vestidito, medias y rebequitas, todo a juego.
Niño con pantalón de cheviot, camisa de vestir y abriguito.
Pero algo debió cruzarse en esa mente infantil mientras se rascaba las piernas por un picor insoportable que le producía el pantalón de cheviot.
A pocos metros de su casa, cucurucho en mano, el infante vio la oportunidad y quiso hacer una gracia "pisando un charco".
El charco, con fondo de verdín y casi con patos, era escurridizo al máximo, así que antes de posar las botas, el angelito cayó en medio, empapándose por completo y llorando como un berraco.
Ea, a casa a cambiarlo, comentaron los padres, mientras cierto brillito de triunfo lucía en los ojos infantiles.
Nuevo modelito: pantalón Príncipe de Gales, jersey de cuello alto y chubasquero.
Nuevo cucurucho y nueva llegada al punto del charco.
Picor irresistible en esas piernecitas y nueva sonrisa diabólica en los labios.
Niñas que se miran atónitas, padres que no dan crédito a sus ojos, y niño empapado por completo, sin cucurucho y en el mismo charco.
Vuelta al hogar.
Vaqueros, camiseta y cazadora. Traje de lunes y tercer cucurucho en mano.
Ten cuidado al pasar, advierten ya molestos los padres, que el tren está a punto de salir y no lo vamos a ver.
Silencio sepulcral en esas niñas. Caras rojas de ira en esos padres. Charco ya vacío.
Y por tercera vez niño empapado.
Un tren que partía en la lejanía sin esperarlos.
Y una voz que salió de un bar cercano : ¡¡ a acostarlo !!.
martes, 29 de abril de 2008
Inspectora Miranda
En los tiempos que corren, es difícil encontrar un ejemplar como el de la Inspectora Miranda.
Muy al contrario de su íntima amiga Piluca, ella no tiene móvil ni e-mail desconoce conceptos tan básicos como portátil, DVD o MP3, y no se explica por qué ahora todo se designa con siglas impronunciables.
El carro del progreso pasó por su puerta sin llamar, quizá por eso el día que le regalaron una cámara digital fue corriendo a la tienda de imagen y sonido para que le explicasen dónde estaba el carrete.
Salió en la página central del periódico local.
Aún se está riendo el dependiente.
A pesar de todo esto, ella se jacta de ser la inventora de la tele-tienda.
Piluca trae los catálogos de ropa de tiendas de la capital, ella se enfunda sus gafas y marca a lápiz todo lo que quiere.
Días más tarde, con todo ya en su casa, se afana en ordenar.
Cuando termina el trabajo, su ropero está lleno de prendas etiquetadas con la fecha de compra, que esperan pacientemente a cumplir 20 años y poder ser estrenadas, ya que según ella, la moda siempre vuelve y esa ropa la tiene que enterrar.
Igual pasa con sus conquistas, todas superan con creces la edad estándar de jubilación en España.
Todavía hay quién piensa que lo que la impulsó a conseguir el carnet de conducir fue el tener un medio de transporte para poder visitar a un novio suyo, que descansaba en paz .
¡ Cómo fastidia a Piluca esa afición suya a las esquelas !.
Cada vez que la ve parada delante de ellas le dice con sorna ¿vas a ver si estás ?.
La Inspectora Miranda, a estas alturas, ya ni se ofende, ni la escucha, tan ensimismada está buscando entre ellas a algún atractivo galán que tenga que borrar de su cartera.
El día que se enteró que Piluca escribía en un blogs, fue corriendo a la imprenta más antigua de la localidad para comprarle uno de las Supernenas, sus favoritas.
A Dios gracias que el negocio cerró a finales de los ochenta pues no hubiese podido soportar que hasta allí le dijesen que ese "bloc" en cuestión era un espacio virtual.
Piluca no se desanima y cree que con el tiempo y sus consejos cambiará, pero seguro que para eso deberán pasar más de 100 años ...
Muy al contrario de su íntima amiga Piluca, ella no tiene móvil ni e-mail desconoce conceptos tan básicos como portátil, DVD o MP3, y no se explica por qué ahora todo se designa con siglas impronunciables.
El carro del progreso pasó por su puerta sin llamar, quizá por eso el día que le regalaron una cámara digital fue corriendo a la tienda de imagen y sonido para que le explicasen dónde estaba el carrete.
Salió en la página central del periódico local.
Aún se está riendo el dependiente.
A pesar de todo esto, ella se jacta de ser la inventora de la tele-tienda.
Piluca trae los catálogos de ropa de tiendas de la capital, ella se enfunda sus gafas y marca a lápiz todo lo que quiere.
Días más tarde, con todo ya en su casa, se afana en ordenar.
Cuando termina el trabajo, su ropero está lleno de prendas etiquetadas con la fecha de compra, que esperan pacientemente a cumplir 20 años y poder ser estrenadas, ya que según ella, la moda siempre vuelve y esa ropa la tiene que enterrar.
Igual pasa con sus conquistas, todas superan con creces la edad estándar de jubilación en España.
Todavía hay quién piensa que lo que la impulsó a conseguir el carnet de conducir fue el tener un medio de transporte para poder visitar a un novio suyo, que descansaba en paz .
¡ Cómo fastidia a Piluca esa afición suya a las esquelas !.
Cada vez que la ve parada delante de ellas le dice con sorna ¿vas a ver si estás ?.
La Inspectora Miranda, a estas alturas, ya ni se ofende, ni la escucha, tan ensimismada está buscando entre ellas a algún atractivo galán que tenga que borrar de su cartera.
El día que se enteró que Piluca escribía en un blogs, fue corriendo a la imprenta más antigua de la localidad para comprarle uno de las Supernenas, sus favoritas.
A Dios gracias que el negocio cerró a finales de los ochenta pues no hubiese podido soportar que hasta allí le dijesen que ese "bloc" en cuestión era un espacio virtual.
Piluca no se desanima y cree que con el tiempo y sus consejos cambiará, pero seguro que para eso deberán pasar más de 100 años ...
sábado, 26 de abril de 2008
Piluca, niña moderna
Piluca nació en los años 60, en un pueblo de la España profunda y en el seno de una familia tradicional.
Pero ella vino con un "defecto de fábrica": era una niña moderna.
Desde su más tierna infancia hizo notar su peculiaridad. Liaba a las vecinas para que la llevasen de paseo, con ánimo de absorber las influencias modernas que pudiese captar, y se escapó del colegio a los 2 añitos porque no se es nadie sin una educación esmerada, pensaba.
El summum de sus innovaciones llegó el día en el que hizo la Comunión.
Reunió a la familia en pleno y les comunicó que había diseñado su traje para tan señalada fecha.
De nada sirvió que sus abuelas llorasen y ofrecieran varias misas por la intención. La niña se negó en rotundo a ir de monja o de princesa, papeles que no iban nada acordes con su personalidad.
El traje consistía en un modelito evasé, de corte imperio y minifaldero, blanco, salpicado de florecillas, con una estolita de angorina y coronado con una diadema en el pelo.
Todo hecho a mano, a medida y sin salirse un punto de sus directrices.
A sus pies, plataformas blancas, a juego.
Cual saga familiar al uso, contrataron un minibus e hicieron un viaje a la capital, para proveerse de la tela, plataformas, florecillas y demás inventos de la niña.
Y llegó el gran día.
¡Pobre madre de Piluca !. Nadie sabe las críticas que esa buena mujer tuvo que soportar.
Sólo parecieron entenderla las monjas, que en un acto de caridad cristiana, de otra forma no podía ser, la acompañaron en el sentimiento comentando lo "graciosa que iba la chiquilla".
Un documento gráfico avaló el triunfo, pues años más tarde hubo quién quiso quedarse con la gloria de aquel día.
Aún hoy, el famoso traje da que hablar: Piluca quiere convencer a su madre de que el único sitio digno para el vestido es una urna, con focos que lo iluminen estratégicamente.
Pilar calla y asiente, sabiendo que o hay quién haga desviarse un milímetro a su hija del objetivo que se marque.
Pero ella vino con un "defecto de fábrica": era una niña moderna.
Desde su más tierna infancia hizo notar su peculiaridad. Liaba a las vecinas para que la llevasen de paseo, con ánimo de absorber las influencias modernas que pudiese captar, y se escapó del colegio a los 2 añitos porque no se es nadie sin una educación esmerada, pensaba.
El summum de sus innovaciones llegó el día en el que hizo la Comunión.
Reunió a la familia en pleno y les comunicó que había diseñado su traje para tan señalada fecha.
De nada sirvió que sus abuelas llorasen y ofrecieran varias misas por la intención. La niña se negó en rotundo a ir de monja o de princesa, papeles que no iban nada acordes con su personalidad.
El traje consistía en un modelito evasé, de corte imperio y minifaldero, blanco, salpicado de florecillas, con una estolita de angorina y coronado con una diadema en el pelo.
Todo hecho a mano, a medida y sin salirse un punto de sus directrices.
A sus pies, plataformas blancas, a juego.
Cual saga familiar al uso, contrataron un minibus e hicieron un viaje a la capital, para proveerse de la tela, plataformas, florecillas y demás inventos de la niña.
Y llegó el gran día.
¡Pobre madre de Piluca !. Nadie sabe las críticas que esa buena mujer tuvo que soportar.
Sólo parecieron entenderla las monjas, que en un acto de caridad cristiana, de otra forma no podía ser, la acompañaron en el sentimiento comentando lo "graciosa que iba la chiquilla".
Un documento gráfico avaló el triunfo, pues años más tarde hubo quién quiso quedarse con la gloria de aquel día.
Aún hoy, el famoso traje da que hablar: Piluca quiere convencer a su madre de que el único sitio digno para el vestido es una urna, con focos que lo iluminen estratégicamente.
Pilar calla y asiente, sabiendo que o hay quién haga desviarse un milímetro a su hija del objetivo que se marque.
miércoles, 23 de abril de 2008
Erase una tortilla
Tanto y tanto insistió su niño "el mayor", que por no oírlo Antonia se decidió a prepararle una tortilla de patatas de 12 huevos.
Entre su marido y ella pelaron las cebollas, las patatas, los pimientos, batieron los huevos, enfin, prepararon todo lo necesario para elaborar la joya de la gastronomía regional.
Le dieron la vuelta varias veces con sumo cuidado, y el resultado fue un tortillón de patatas que hubiese obtenido el premio de honor en cualquier concurso gastronómico.
Tamaño ejemplar merecía una fuente de la vajilla del domingo, y allí se depositó con honores reales y casi sonando el himno nacional de fondo.
Rendida por el esfuerzo, Antonia se dejó caer en el sofá y quedó sumida en un sueño reparador.
No se sabe si la despertó una pesadilla o un sonido real, pero la modorra le hizo oír un sospechoso
clic, clic, clic...
Será el gato, pensó.
Y ahora cloc, cloc, cloc...
Este animal está siempre hambriento, pensó.
Clin, clin, clin, clic, clac, cloc...
¡ Ya se ha pasado!. Ahora mismo lo encierro hasta que aprenda educación.
Y se dirigió con diligencia a la cocina dispuesta a ejecutar su amenaza.
Ni podía imaginarse lo que vio: un enorme roedor negro, tipo rata, la desafiaba desde encima de los restos de su espléndida tortilla.
Tras varias llamadas, se presentó un auténtico batallón vecinal para acabar con la fiera.
Pelea campal, aullidos de terror, y una imagen que Antonia nunca olvidará: ese monstruo, con sonrisa retorcida, que la miraba diciendo: "me has matado Antonia, pero la tortilla me la he comido yo".
No han vuelto a probar una tortilla en esa casa que no viniese envasada por una empresa de la localidad.
Entre su marido y ella pelaron las cebollas, las patatas, los pimientos, batieron los huevos, enfin, prepararon todo lo necesario para elaborar la joya de la gastronomía regional.
Le dieron la vuelta varias veces con sumo cuidado, y el resultado fue un tortillón de patatas que hubiese obtenido el premio de honor en cualquier concurso gastronómico.
Tamaño ejemplar merecía una fuente de la vajilla del domingo, y allí se depositó con honores reales y casi sonando el himno nacional de fondo.
Rendida por el esfuerzo, Antonia se dejó caer en el sofá y quedó sumida en un sueño reparador.
No se sabe si la despertó una pesadilla o un sonido real, pero la modorra le hizo oír un sospechoso
clic, clic, clic...
Será el gato, pensó.
Y ahora cloc, cloc, cloc...
Este animal está siempre hambriento, pensó.
Clin, clin, clin, clic, clac, cloc...
¡ Ya se ha pasado!. Ahora mismo lo encierro hasta que aprenda educación.
Y se dirigió con diligencia a la cocina dispuesta a ejecutar su amenaza.
Ni podía imaginarse lo que vio: un enorme roedor negro, tipo rata, la desafiaba desde encima de los restos de su espléndida tortilla.
Tras varias llamadas, se presentó un auténtico batallón vecinal para acabar con la fiera.
Pelea campal, aullidos de terror, y una imagen que Antonia nunca olvidará: ese monstruo, con sonrisa retorcida, que la miraba diciendo: "me has matado Antonia, pero la tortilla me la he comido yo".
No han vuelto a probar una tortilla en esa casa que no viniese envasada por una empresa de la localidad.
lunes, 21 de abril de 2008
Manolo y Benita
A fuerza de ver por la mañana del domingo un programa de bricolaje, a Manolo y Benita les entró la fiebre del cambio.
Empaquetaron libros y los llevaron a un local que tenía el padre de Manolo en un pueblo cercano, regalaron ropa y llamaron al camión del Ayuntamiento para renovar el mobiliario.
Tras algunas entrevistas a cuadrillas de albañiles, se decidieron por una que les aseguró que en menos de una semana estaría todo listo.
¡ Y tan listo !
La "cuadrilla de profesionales" consistía en dos ejemplares de lo más curioso: uno era aprendiz... de todo en lo que lo contrataran, y el otro el enterrador del pueblo del cual era oriundo.
Con estas premisas ya podemos imaginar cómo se desenvolvió la "reforma".
El día que terminaron no se lo podían creer.
Manolo, con toda su buena fe, llegó a las 2:05 del sábado con la intención de invitarlos a unas tapas y con un detalle "en efectivo" para ellos.
Se quedó boquiabierto con lo que vio y algo le dio en la nariz.
Como habían prometido que estarían una semana, lo cumplieron a rajatabla: a las 2 en punto se fueron y lo dejaron todo como estaba.
Pero a Manolo algo le seguía dando en la nariz ...
Pasó el sábado completo, y el domingo.
Llegó el lunes y por la tarde ya no había quién parase en esa casa.
Cerró puertas y ventanas y afinó el olfato: nada por aquí, nada por allá, algo por el fondo ...
Y así llegó a un punto sin retorno.
Algo había allí, algo olia a podrido.
Empezó la investigación hasta que situó el problema en una zona.
Cogió la escalera y metió la mano en un agujero del falso techo. Peinó la zona manualmente hasta que dio con un paquete.
Lo extrajo y encontró , primorosamente envuelto ,una especie de regalo, con lazo decorativo simulado.
Lo abrió con esmero y llamó a Benita impresionado : una mierda XXL, perfectamente depositada y perfumada se reía en su cara desde el fondo.
No había firmas, no supieron nunca quién fue el autor, pero algo siempre hizo sospechar a Benita que fue el enterrador.
... continuará ...
:)Ka
Empaquetaron libros y los llevaron a un local que tenía el padre de Manolo en un pueblo cercano, regalaron ropa y llamaron al camión del Ayuntamiento para renovar el mobiliario.
Tras algunas entrevistas a cuadrillas de albañiles, se decidieron por una que les aseguró que en menos de una semana estaría todo listo.
¡ Y tan listo !
La "cuadrilla de profesionales" consistía en dos ejemplares de lo más curioso: uno era aprendiz... de todo en lo que lo contrataran, y el otro el enterrador del pueblo del cual era oriundo.
Con estas premisas ya podemos imaginar cómo se desenvolvió la "reforma".
El día que terminaron no se lo podían creer.
Manolo, con toda su buena fe, llegó a las 2:05 del sábado con la intención de invitarlos a unas tapas y con un detalle "en efectivo" para ellos.
Se quedó boquiabierto con lo que vio y algo le dio en la nariz.
Como habían prometido que estarían una semana, lo cumplieron a rajatabla: a las 2 en punto se fueron y lo dejaron todo como estaba.
Pero a Manolo algo le seguía dando en la nariz ...
Pasó el sábado completo, y el domingo.
Llegó el lunes y por la tarde ya no había quién parase en esa casa.
Cerró puertas y ventanas y afinó el olfato: nada por aquí, nada por allá, algo por el fondo ...
Y así llegó a un punto sin retorno.
Algo había allí, algo olia a podrido.
Empezó la investigación hasta que situó el problema en una zona.
Cogió la escalera y metió la mano en un agujero del falso techo. Peinó la zona manualmente hasta que dio con un paquete.
Lo extrajo y encontró , primorosamente envuelto ,una especie de regalo, con lazo decorativo simulado.
Lo abrió con esmero y llamó a Benita impresionado : una mierda XXL, perfectamente depositada y perfumada se reía en su cara desde el fondo.
No había firmas, no supieron nunca quién fue el autor, pero algo siempre hizo sospechar a Benita que fue el enterrador.
... continuará ...
:)Ka
jueves, 17 de abril de 2008
Felicidad
¿ Sabéis en que consiste la felicidad ?
Pues yo lo descubrí ayer.
3:00, salida del trabajo, alguien comenta :¿ quién me acompaña al Factory ?.
Levanto mi mano rápida pues ya tengo el piso fregado y la plancha quitada.
Otra mano que se alza mientras comenta " qué bien, asi me entretengo mientras la niña hace los deberes con su compañera ".
Tres mujeres, tres visas, y los ojos inyectados en compras.
Empieza la tarde con pocas ganas. Miro en una tienda, miro en otra, miran ellas... pruebas, más pruebas, algún pique en bisutería y empezamos a animarnos.
¡¡¡ Pruebas de zapatos super-originales !!!
Faldas, blusas ... uyyyyyyyy qué caro está todo, más que en la tiendas de Sevilla ...
Encontramos zapatos no muy caros pero muy bonitos y la alegría se dispara.
En la siguiente tienda ya lucimos orgullosas nuestros trofeos.
Se nos echa la hora encima, apenas nos queda tiempo, los niños nos esperan ... pero un cartel de "Todo por 1 euro" nos reclama la atención, nos hipnotiza, nos subyuga , nos atrae ... y nos hace enloquecer.
¡¡ Un bolso por 3,95 y cuesta en la tienda 30 euros !!
¿ Cuál me llevo , éste o aquél ?
Pero qué duda puedes tener por ese precio ? ¡¡ Un desayuno vale más !!
Mira qué gafas más chulas.
Nos acercamos a la caja radiantes, felices, ni nos acordamos de que no hemos comido aún y son las 6 de la tarde.
Esa tarde descubrimos el concepto de la felicidad.
:)Ka
Pues yo lo descubrí ayer.
3:00, salida del trabajo, alguien comenta :¿ quién me acompaña al Factory ?.
Levanto mi mano rápida pues ya tengo el piso fregado y la plancha quitada.
Otra mano que se alza mientras comenta " qué bien, asi me entretengo mientras la niña hace los deberes con su compañera ".
Tres mujeres, tres visas, y los ojos inyectados en compras.
Empieza la tarde con pocas ganas. Miro en una tienda, miro en otra, miran ellas... pruebas, más pruebas, algún pique en bisutería y empezamos a animarnos.
¡¡¡ Pruebas de zapatos super-originales !!!
Faldas, blusas ... uyyyyyyyy qué caro está todo, más que en la tiendas de Sevilla ...
Encontramos zapatos no muy caros pero muy bonitos y la alegría se dispara.
En la siguiente tienda ya lucimos orgullosas nuestros trofeos.
Se nos echa la hora encima, apenas nos queda tiempo, los niños nos esperan ... pero un cartel de "Todo por 1 euro" nos reclama la atención, nos hipnotiza, nos subyuga , nos atrae ... y nos hace enloquecer.
¡¡ Un bolso por 3,95 y cuesta en la tienda 30 euros !!
¿ Cuál me llevo , éste o aquél ?
Pero qué duda puedes tener por ese precio ? ¡¡ Un desayuno vale más !!
Mira qué gafas más chulas.
Nos acercamos a la caja radiantes, felices, ni nos acordamos de que no hemos comido aún y son las 6 de la tarde.
Esa tarde descubrimos el concepto de la felicidad.
:)Ka
lunes, 14 de abril de 2008
Principianta
¡ Hola chic@s !
Soy Ka y he venido para arrasar.
Estoy harta de ver comentarios sobre ropa estúpidos, sobre hombres más estúpidos aún y sobre lo divino y lo humano que ya no puedo ni calificar de estúpidos, pues la palabra se queda corta.
Como no tengo ordenador personal, ni portátil ni del otro, aprovecharé los ratos de café en mi trabajo para poderme comunicar con todo el que me quiera leer.
Hoy es la prueba, así que no me quiero enrrollar porque sé que hay quién ya me quiere ver por el ciberespacio "tropezar"
Soy Ka y he venido para arrasar.
Estoy harta de ver comentarios sobre ropa estúpidos, sobre hombres más estúpidos aún y sobre lo divino y lo humano que ya no puedo ni calificar de estúpidos, pues la palabra se queda corta.
Como no tengo ordenador personal, ni portátil ni del otro, aprovecharé los ratos de café en mi trabajo para poderme comunicar con todo el que me quiera leer.
Hoy es la prueba, así que no me quiero enrrollar porque sé que hay quién ya me quiere ver por el ciberespacio "tropezar"
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